Abril de 2025

Presento y documento hechos que presencié y viví durante los más de 18 años que trabajé en los Museos Diego Rivera  Anahuacalli y Frida Kahlo Casa Azul —ambos dependientes de un Fideicomiso del Banco de México—, primero como directora adjunta —entre octubre de 2002 y octubre de 2009—, luego como  directora —hasta octubre de 2020—  bajo las órdenes de Carlos García Ponce, presidente del Comité Técnico del Fideicomiso relativo a los Museos; de Carlos Phillips Olmedo, director general de los museos; del  delegado fiduciario del Banco de México, José Luis Pérez Arredondo y, a partir de 2018, bajo la coordinación de la directora de Educación Financiera y Fomento Cultural del Banco de México, Jessica Serrano Bandala1.

Los sucesos a los que me refiero están presuntamente relacionados con: 1. El faltante de obras que habían sido catalogadas originalmente dentro de las colecciones de Diego Rivera y Frida Kahlo en los museos Frida Kahlo Casa Azul y Diego Rivera Anahuacalli; 2. La inexplicable ubicación, a la fecha, de varias de esas piezas —catalogadas y clasificadas por Diego Rivera y colaboradoras— en colecciones privadas; 3. La presunta pérdida de páginas de El Diario de Frida Kahlo, y, 4. La atribución a los artistas de piezas apócrifas, lo que podría constituir una forma de legitimar la falsificación de obras de arte.

Me mueve un compromiso con el cuidado del patrimonio artístico y con la transparencia de la administración de los Museos. La contraloría y directivos del Banco de México conocen los hechos que son motivo de mi denuncia pública sin que a la fecha hayan emprendido alguna acción para aclarar las denuncias que he presentado. Aún me sigo preguntando  ¿por qué si directivos del Banco conocen estas denuncias no han actuado para averiguar y, en tal caso, proceder e investigar? 2

1 En 2018 se modificó la estructura administrativa del Banco de México para crear la Dirección General de Educación Financiera y Fomento Cultural (DEFFC), de la cual dependen los fideicomisos de los museos y el área de Educación Financiera del Banco de México, de acuerdo con el Artículo 15 Bis, Reglamento Interior del Banco de México. Esta modificación la realizó el entonces gobernador de Banco de México, Alejandro Díaz de León, quien nombró en el cargo a Jessica Serrano Bandala.

2 Estoy convencida sobre el papel que deben jugar los distintos actores de la sociedad con respecto a la preservación y cuidado del patrimonio artístico y cultural que son de los tesoros más grandes que tiene la humanidad: el arte y la cultura, resultado de su proceso social. Es ahí, precisamente, donde México ocupa un lugar como potencia mundial. Los custodios de ese patrimonio somos los promotores culturales y los directores de museos, pero también toda la sociedad.

Entre 1953 y 1957, Diego Rivera elaboró los listados de obras que se encontraban en la Casa Azul y en el Museo Anahuacalli, que por esas fechas estaba en construcción y se inauguraría hasta 1964, hace 61 años en el 2025. Esta labor minuciosa de listado de las obras y materiales la realizó Rivera, con el apoyo de la propia Frida Kahlo, y de Teresa Proenza, secretaria particular del pintor, y de su amiga Elena Vázquez Gómez. Tras la muerte de Frida Kahlo, el 13 de julio de 1954, se sumaron a la tarea la mecenas Dolores Olmedo y la empresaria Emma Hurtado, que en 1955 se convirtió en esposa de Diego Rivera. 

Fig. ia. Autor desconocido. Fotografía de Diego Rivera con su colección de arte prehispánico y una obra desconocida de Frida Kahlo, 13 de junio de 1954.

Fig. ib. Ivan Dimitri. Fotografía de Diego Rivera y Anita Antunes, ca. 1945.

Tras ese proceso de catalogación, se conformaría la donación de Rivera al “Pueblo de México”, materializada mediante la creación, ante notario público, de un Fideicomiso bajo la tutela del Banco de México. El convenio de Fideicomiso es de carácter irrevocable, fue constituido por Diego Rivera con el Banco de México y tiene por fecha el 19 de agosto de 1955, en la Escritura N. 19066, otorgada por el Notario Público número 6, del Distrito Federal. Posteriormente, el propio Diego Rivera hizo modificaciones a través de la escritura complementaria N. 54637, con fecha del 10 de septiembre de 1957, ante los Notarios 71 y  10 del Distrito Federal3

Fue decisión del propio Rivera que formaran parte de su legado a la Nación los dos inmuebles: el del edificio del Museo Anahuacalli, sus terrenos aledaños —más de 40 mil metros cuadrados— y el inmueble donde nació, creció y murió su esposa Frida Kahlo, la Casa Azul, así como los acervos de obras de arte de la pintora, del propio Diego Rivera, y de otros artistas, además de obras prehispánicas, libros, muebles, joyas, indumentaria, fotografías, documentos, correspondencia y demás objetos que ambos artistas dejaron como legado al pueblo de México, dentro de esos inmuebles.

Hay que aclarar que el descubrimiento del inmenso tesoro de este valioso acervo tuvo lugar en la Casa Azul, Museo Frida Kahlo en 2003 y el trabajo realizado para su rescate durante cuatro años: limpieza, clasificación, digitalización, restauración, fue ampliamente difundido en 2007 por la prensa nacional e internacional en el marco del Aniversario del Centenario de Frida Kahlo y a partir de lo encontrado se llevaron a cabo múltiples investigaciones, publicaciones en México y en gran número de países. 

Fig. ic. Acta notariada vigente firmada en 1957, que sustituye a una primera de 1955, en la que se establece la constitución del Fideicomiso de los Museos Diego Rivera Anahuacalli Frida Kahlo Casa Azul, firmada por Diego Rivera y funcionarios de Banco de México. También firman los miembros del Comité Técnico fundador, entre ellos Dolores Olmedo Patiño.

Adicionalmente, y más importante todavía, como parte de ese legado se incluyeron los derechos de autor de Diego Rivera y de Frida Kahlo, por decisión del propio pintor. Es necesario recalcar que Rivera fue el único y universal heredero de su finada esposa Frida Kahlo.

Todos estos bienes constituyeron la donación que quedó bajo la custodia del Fideicomiso Museos Diego Rivera Frida Kahlo4, bajo custodia del Banco de México. Para vigilar y dirigir su operación se constituyó un Comité Técnico y se seleccionaron a los miembros originales5; la misión del Comité fue y ha sido vigilar y dirigir ese Fideicomiso. Además, Diego Rivera dejó estipulado que los ingresos generados por los derechos de autor y de la operación de los museos serían destinados única y exclusivamente para mantener abiertas al público las puertas de esos recintos.

El artista formalizó la constitución de la donación “Al Pueblo de México” a través del Fideicomiso y ante notario público en 1955, modificado en 1957 también ante notario público; en el contrato final del fideicomiso figuran Diego Rivera en calidad de donador y fideicomitente; el pueblo de México, como beneficiario; y el Banco de México, como fiduciario. 

El documento notarial incluye una serie de los listados en los que detalla los bienes donados; en primer lugar, los terrenos que comprenden el predio en el Pedregal de San Ángel, Pueblo de San Pablo Tepetlapa, de Coyoacán, donde se encuentra el Museo Anahuacalli; en segundo lugar, la colección de piezas arqueológicas que aparecerá en la escritura como apéndice con la letra “I”, que abarca 404 hojas, y en tercer lugar, en el apéndice con la letra “J”, diversos trabajos pictóricos y de dibujo, de algunos muebles, obras de arte y objetos diversos; este apéndice es un documento de 208 páginas. 

En su momento, de acuerdo con el documento notarial, de estos inventarios tomó posesión el delegado Fiduciario del Banco de México; todos los inventarios fueron firmados por Diego Rivera, Dolores Olmedo y Alfonso Quiroz Cuarón, quien era el delegado fiduciario. 

Fig. ii. Autor desconocido. Dolores Olmedo con Alfredo Leal, Juan Cañedo y Hugo Olvera. S/f

El documento notarial, por otra parte, estableció qué bajo ningún motivo ni pretexto, los objetos pertenecientes al patrimonio podrían ser extraídos de los recintos. Es decir, que no podrían salir de ahí ni siquiera para exposiciones ni bajo ninguna otra circunstancia.

Es grave, y es uno de los objetivos de este documento, que bienes que habrían sido catalogados por Diego Rivera, como pertenecientes a la Casa Azul, no sólo han sido retirados del recinto —de donde, recalco, “bajo ningún motivo ni pretexto” debieron ser extraídos— sino que algunos de estos figuran en colecciones privadas o han aparecido en subastas. 

Parte de los bienes catalogados por Rivera del Museo Frida Kahlo Casa Azul, en el inventario de 1957, aparecen en las listas de bienes, Figuras iii, iv y v, que se despliegan a continuación.

Fig. iii, iv y v. Hojas del inventario realizado en 1957 del patrimonio de la Casa Azul.

Tras la muerte, en 2002, de Dolores Olmedo, “directora vitalicia” de los Museos Diego Rivera Anahuacalli y Frida Kahlo Casa Azul, Carlos García Ponce, presidente del Comité Técnico del Fideicomiso6 —quien me nombró como directora adjunta y luego como directora de los museos— me encomendó abrir un baño de la Casa Azul que había permanecido cerrado por cerca de 50 años; si bien el propio Rivera había dado instrucciones de que permaneciera cerrado por 15 años después de su muerte, se quedó clausurado por casi medio siglo. 

Fig. vi. Graciela Iturbide, fotografía del baño de Frida Kahlo en la Casa Azul, 2006. Estas fotografías fueron tomadas cuando sacaban los acervos de los baños y baúles.

Fig. vii. Patti Smith, fotografías en el Museo Frida Kahlo, 2012. Durante esta época se restauraron obras y archivos.

Al iniciar los trabajos, me percaté que otros espacios también estaban cerrados: baúles, bodegas, roperos, escritorios, cajones, además del baño en la recámara de Frida; incluso las terrazas que resguardaban otros bienes materiales como por ejemplo muebles, estaban tapeadas.

Quien decidió dejar estos lugares y espacios “cerrados”7 fue la propia Dolores Olmedo. Aunque su argumento era que respetaría siempre la decisión del maestro Diego Rivera, lo cierto es que nunca quiso a Frida, quizá por envidia y celos de mucho tiempo atrás: Dolores estuvo enamorada, en su juventud, de Alejandro Gómez Arias y, después, de Diego Rivera, sin embargo, ambos prefirieron a Frida. Por azares de la vida, para estas dos mujeres, Gómez Arias fue su gran amor de juventud, mientras que Diego Rivera, su gran amor de madurez.

Fig. viii. Diego Rivera, Desnudo de Dolores Olmedo, litografía , 1930.

Fig. xix. Diego Rivera, Desnudo de Frida Kahlo, litografía, 1930.

Fig. x. Diego Rivera, Autorretrato con Chambergo, óleo sobre lienzo, 1907.

Fig. xi. Frida Kahlo, Retrato de Alejandro Gómez Arias, óleo sobre madera, 1928.

Sin dinero para realizar la ardua labor de limpieza, clasificación, registro, digitalización y luego restauración, pudimos contar en 2004 con el apoyo especializado y profesional de ADABI —Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México, A.C.—, institución que con un equipo de profesionales participó en el rescate de los archivos que constan de más de 22 mil documentos, más de un centenar de dibujos y obras de arte, alrededor de 6 mil 500 fotografías, 2,800 libros y cerca de 300 textiles. 

La compleja labor demandó, en su primera etapa, poco más de cuatro años. Al mismo tiempo con el equipo del museo registramos, entre otros objetos, joyas, exvotos, juguetes, periódicos, revistas y artículos personales de Kahlo y Rivera. Años más tarde, entre 2011 y 2012, Carlos Phillips encargó a colaboradores suyos —omito los nombres porque así me lo han solicitado— realizar un cotejo de las obras de Frida Kahlo y Diego Rivera incluidas en los listados originales de la donación de Diego Rivera y compararlas con los acervos de la Casa Azul. Dos colaboradoras que trabajaban directamente en mi área les apoyaron en su trabajo. 

Desde que Carlos Phillips tuvo en sus manos los primeros resultados de la investigación, todavía en versión manuscrita —Fig. xii, xiii y xiv—, quedó en evidencia que obras de arte de Frida Kahlo, al ser comparadas con el listado original catalogado por Diego Rivera, no aparecían en los acervos actuales.

Fig. xii, xiii y xiv. Copias del manuscrito de los listados de la revisión de inventarios del Museo Frida Kahlo realizados por investigadores del Museo Dolores Olmedo durante 2011-2012.

Fig. xii bis, xiii bis y xiv bis.

Conocí, de forma parcial, los resultados del estudio a principios de 2013; los documentos que pude leer de este informe arrojaban que piezas catalogadas originalmente, en 1957, pertenecían ahora a colecciones particulares. ¿Cómo salieron de la Casa Azul? 

Cuando le pregunté a Carlos Phillips qué haría con esa información, sólo me contestó que “no sabía lo que había hecho Lolón”, que es la forma como él llamaba a su madre, Dolores Olmedo. Le pedí que de manera apremiante se informara sobre estos resultados a las autoridades federales de Cultura, concretamente a CONACULTA (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, ahora Secretaría de Cultura) y al INBAL (Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura), y fue entonces cuando me dijo que enviaría una copia a los abogados del Fideicomiso, en ese entonces el Lic. José Luis Pérez Arredondo, quien fue delegado fiduciario general para los museos del Banco de México por casi 15 años, a la Procuraduría General de la República y al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

Fig. xv. Acceso al baño de Diego Rivera en la Casa Azul, mismo que estuvo supuestamente cerrado por más de 50 años.

Enfatizo: a mí no me compartieron los resultados de ese estudio. Carlos Phillips conservó el documento original y, pocos días después, despidió a los colaboradores que participaron en el estudio y les confiscó los listados. Pude rescatar algunas hojas de la investigación que son las imágenes arriba presentadas (Fig. xii, xiii, xiv y bis). El cotejo de estas imágenes con las anteriores (Fig. iii, iv y v) –son tan sólo tres páginas dentro de las cientos que poseen los apéndices del testamento-, permiten mostrar que algunas piezas clasificadas en 1957 por Rivera, hoy, extrañamente, aparecen como propiedad de colecciones privadas.

A continuación presento, con su imagen e información, algunas de las obras consignadas en los listados de la donación de Diego Rivera, que deberían estar en el Museo Frida Kahlo y que, en el inventario creado a partir de 2011, ya no aparecen como parte del acervo del Museo, sino que se ubican en otras colecciones.

Este es el asunto central. Comparo aquí que piezas del acervo original se encuentran en fondos privados y considero que, como sociedad mexicana, se nos debe una explicación al respecto. Para detallar con claridad los casos, me referiré a piezas específicas que estaban en lo que llamo el inventario realizado por Diego Rivera o inventario y clasificación de 1957; lo comparo con el inventario que encargó el museo a partir de 2011, donde se arroja que algunas de esas obras ya tienen otro dueño. Reitero que este es un contenido aún parcial.

3 Hay que aclarar que después de la escrituración de 1955, Diego Rivera movió una parte del acervo, que incluía documentos, dibujos, libros, entre otras pertenencias, a su casa-estudio en San Angel y quedaron bajo custodia de su hija Ruth Rivera. Los listados a los que me refiero en este documentos corresponden a la donación final de 1957.

4 El nombre oficial del Fideicomiso no lleva “y” entre los dos nombres de los museos.

5 El Comité Técnico, de acuerdo con el acta constitutiva debe estar formado por 11 miembros, y es el órgano supremo de gobierno del Fideicomiso. Sus miembros, como quedó establecido en el Acta Constitutiva del Fideicomiso de los Museos Diego Rivera Anahuacalli y Frida Kahlo del Banco de México en 1957, fueron: Dolores Olmedo Patiño, Eulalia Guzmán, Emma Hurtado, Juan O´Gorman, Carlos Pellicer, Heriberto Pagelson, Teresa Proenza y Elena Vázquez Gómez, y como consejeras Ruth Rivera y Guadalupe Rivera; la presidencia del Comité quedó a cargo de Dolores Olmedo y la dirección técnica a cargo de Diego Rivera. A principios de 2020 se renovó el Comité Técnico, pues la mayoría de sus integrantes habían fallecido y se integró entonces por Carlos García Ponce, como presidente (ya fallecido); Guadalupe Rivera Marín, como secretaria (ya fallecida); Carlos Phillips Olmedo, Irene Phillips Olmedo, Diego López Rivera, Juan Pablo Gómez Morín, Silvia Pandolfi, Walter Boesterly, José María Pérez Gay,  a su muerte lo sustituyó Roberto Gavaldón (fallecido en el 2023), Graciela Cantú, a su muerte fue nombrada Guadalupe Phillips Margain, Carlos Ruiz Sacristán, y Luis Mancera Arrigunaga. Es reciente la incorporación al Comité de la fotógrafa Cristina Kahlo. Tras la muerte de Carlos García Ponce –en mayo de 2024-, su lugar no ha sido ocupado. 

Cabe señalar que con los conflictos entre Banco de México y la familia Phillips Margain, sumado a la muerte de los miembros señalados, las decisiones del Comité Técnico, en los últimos cuatro años, han sido tomadas por una minoría que no cumple las reglas establecidas en la constitución del Fideicomiso.

6 Toda decisión sobre los museos debe ser autorizada por el Comité Técnico, aunque cabe señalar que no ha sido ni es así. Dolores Olmedo dominó por completo ese órgano y las decisiones las tomaba ella; después de su muerte, su hijo, Carlos Phillips dominó y controló al Comité Técnico hasta que se suscitaron los conflictos internos en 2021. Actualmente, en la nueva etapa del Comité Técnico, el control de las decisiones está a cargo de Jessica Serrano, directora de Educación Financiera y Fomento Cultural, y tiene el apoyo de los miembros de la familia Rivera y de otros dos integrantes del Comité. Sin embargo, a la fecha el Comité Técnico funciona irregularmente, no existe mayoría porque no se completa aún el número de miembros establecidos en el acta constitutiva y tres de ellos, integrantes de la familia Phillips Olmedo, no asisten a las sesiones y sólo envían a su representante legal que, invariablemente, vota en contra de toda propuesta.

7 En los cuartos y baños cerrados había más de una veintena de marcos vacíos como si alguien hubiera retirado las obras de arte de los mismos.  En el exterior de los muebles y los cajones lucían viejos y oxidados sellos rotos, dentro de ellos; los objetos, escritos, fotografías lucían revueltos y desparpajados, se notaba que habían sido esculcados.

En el inventario realizado por Diego Rivera figura con el número A.F. 178a la obra Frida en llamas, (Fig. xvi), del año 1954. Algunos autores se refieren a esa obra con el título Frida en un paisaje con el sol en la tierra y los cabellos sueltos o Autorretrato de un girasol, pero en la catalogación de Rivera, de 1957, aparecen las dos con nombres diferentes: Frida en un paisaje… y Frida en llamas, con los números A.F. 16 y A.F. 17, respectivamente. El análisis de 2011 se refiere a las dos obras por separado; dice que El autorretrato con la cabeza dentro de un girasol fue destruido; con respecto a Frida en un paisaje con el sol en la tierra y los cabellos sueltos, dice que pertenece a una colección privada de Estados Unidos. En catálogos contemporáneos se presenta la obra Autorretrato de un girasol como de propiedad privada. En el libro de Peter von Becker, “Frida Kahlo Retrospektive” (2010), se indica que pertenece a una colección privada de USA. Es inexplicable que, si de origen era del Museo Frida Kahlo, del legado donado al pueblo de México, hoy sea de una colección particular.

8a A.F. quiere decir Archivo de Frida.

Congreso de los pueblos por la paz (Fig. xvii) es un óleo sobre masonite, de 1952, que aparece en el listado catalogado por Rivera con el número A.F. 18. En la lista de 2011, se dice que pertenece a la colección de la galerista Mary-Anne Martin; en 1988, Helga Prignitz Poda, en el “Catálogo Razonado”, atribuyó la propiedad a Ramis Barquet, de Nueva York. En 2020, nuevamente esta pieza fue puesta en venta en una casa de subasta (ver tabla A). No se entiende cómo y por qué salió del Museo Frida Kahlo.

En el catálogo hecho por Rivera se refiere a la existencia de las piezas, Croquis para un monumento irónico a la libertad yanqui, de 1944, con número de catalogación A.F. 34, y Croquis para el cuadro La Libertad Americana, sin fecha y con número de catalogación A.F. 39. Encontramos que en el estudio de 2011 es citada la obra La libertad americana, aunque fechada en 1933, que remite al número de inventario A.F. 34 en la lista hecha por Rivera. Expresa textualmente: “cortesía Mary-Anne Martin”. Peter von Becker en su libro, Frida Kahlo Retrospektive, también afirma que es propiedad de Mary-Anne Martin. Una vez más, ¿por qué no se encuentra en los acervos de la Casa Azul?

El sol que asomó a la ventana, de 1932, es un dibujo en lápiz sobre papel, firmado por la pintora; en el listado de 1957 tiene el número A.F. 12 40. Ahí se detalla que en el reverso tiene un croquis con una cara de Diego de mal humor. Figura en el estudio encargado por la dirección general del Museo en 2011 y se atribuye a la colección Gelman. Peter von Becker la atribuye a la colección de la Fundación Vergel ¿Quién autorizó la venta de esa obra a una colección particular?

Los ejemplos siguen. Podemos analizar el listado elaborado por Rivera y es necesario preguntarnos por qué no están en la Casa Azul, entre otras, las obras Retrato de Irene Bohus, con número de catalogación C. 3101, del año 1957, que aparece como propiedad de la colección Mary Eaton de USA, de acuerdo con Peter von Becker, y que se subastó el 15 de noviembre del 2019, donde se vendió por 156 mil 250 dólares (ver tabla A).

O, ¿por qué no está en los archivos del Museo Frida Kahlo Casa Azul el Dibujo para una cervecería, con número de inventario C. 3103?

8b En el listado de Diego Rivera realizado en 1957 esta obra aparece con el título Dibujo para una cervecería; sin embargo en diferentes publicaciones aparece como Casa pacífica o Casa de Campo.

¿Por qué Fantasía de una estufa (La casa en llamas), que Rivera y amigos catalogaron con el número C. 3107, estuvo en una colección privada y luego entró a una subasta? (Ver tabla A)

¿Cómo explicar que Dibujo drolático (Objeto de partes) con número C 3108, aparezca después, según el catálogo de Peter von Becker, como parte de una colección privada, y que se subastara el 14 de diciembre de 2020 en 126 mil dólares? (Ver tabla A).

Varias de las obras arriba citadas, como Dibujo drolático (Objeto de partes) y Fantasía de una estufa han aparecido en Internet, donde son ofertadas (ver tabla A).

Me consta, por otra parte, que no se encuentran entre los acervos del Museo Frida Kahlo el dibujo en papel Mi chata ya no me quiere, de 1935, así como Dibujo estudio para  Mis abuelos, mis padres y yo. ¿Cómo salieron del Museo Frida Kahlo? 

8c Helga Prignitz-Poda, Hidden Frida Kahlo (Munich: Press Verlag, 2017), 72.

También faltan litografías de El aborto y 8 pruebas (de esta misma) algunas de ellas numeradas por Frida. Una de ellas tiene la inscripción «19a» y «última pruebas». Puedo afirmar que estas obras no se encuentran en los acervos y no se cuenta con imágenes de ellas.

8d Ibidem, 178.

Derivado de esta información, es necesario responder a las siguientes preguntas: ¿Por qué algunas obras clasificadas y catalogadas por Diego Rivera, como patrimonio de los museos, terminaron en colecciones privadas?, ¿quién y cuándo las vendieron?, ¿por qué las autoridades culturales —CONACULTA, ahora Secretaría de Cultura, e INBAL—, el Fideicomiso del Banco de México y la PGR —hoy Fiscalía General de la República— no han actuado si el estudio de 2011 ya arrojaba faltantes?, ¿les entregó Carlos Phillips Olmedo el estudio a las autoridades culturales, a las del Banco de México y a la PGR?, ¿qué acciones ha llevado a cabo el Fideicomiso del Banco de México para recuperar el patrimonio perdido de los museos Diego Rivera Anahuacalli y Frida Kahlo Casa Azul?, ¿qué acciones lleva a cabo el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura para proteger estos bienes que tienen declaratoria de Monumento Artístico de la Nación?

Con el tiempo, he podido constatar qué aunque la mayoría de las obras faltantes  de estos listados fueron vendidas durante los años 70, 80 y 90, se han seguido vendiendo obras recientemente en una famosa galería neoyorkina que se especializa en artistas latinoamericanos, me refiero a la Mary-Anne Martin. Otras se encuentran en colecciones particulares de Estados Unidos y México, como se puede constatar en los libros publicados sobre el arte y las exposiciones internacionales y nacionales de Frida Kahlo. También he encontrado que muchas de las obras se venden en diferentes casas de subasta; estas ventas se pueden consultar en Internet.

Por otra parte, los propietarios actuales y quienes han vendido estas obras de arte deberán explicar cómo las comercializaron ya que son propiedad de la Nación mexicana, tal como se estipula en el testamento y los listados de donación de Diego Rivera y Frida Kahlo, mediante el Fideicomiso del Banco de México. Estas obras deben formar parte de los acervos de los Museos Frida Kahlo y Diego Rivera Anahuacalli, pero además, la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, de 1972, prohíbe su salida del país –salvo en casos autorizados para exhibiciones-, dada su declaratoria de Monumento Artístico.9

Reitero que a través de correos electrónicos y oficios entregados físicamente solicité en reiteradas ocasiones a Carlos Phillips Olmedo y a José Luis Pérez Arredondo, se tomaran las acciones necesarias y se reportara a las autoridades federales sobre estos hechos. 

Volví a abordar estos temas cuando Jessica Serrano Bandala llegó a ocupar la Dirección de Educación Financiera y Fomento Cultural de Banco de México, así como con la administradora de los Fideicomisos, Dolores Moreno, con los abogados del Fideicomiso y desde luego con las colaboradoras de los museos, Perla Labarthe, Teresa Moya, Laura Zavala y Karla Niño de Rivera. Todos ellos hacían como que no me entendían o como que no escuchaban; desoyeron y dejaron pasar tales hechos. Nunca tomaron en cuenta mis denuncias y, al día de hoy, a saber no hay ninguna acción por lo que a todas luces parecieran ser delitos contra la propiedad de la Nación.

La única vez que me citaron al momento de mi salida, en noviembre de 2020, en los jardines del Museo Dolores Olmedo en Xochimilco, recordé estos temas a Carlos Phillips y a uno de los delegados fiduciarios, Luis Alberto Salgado, solo callaron. No volví a saber de ellos ni de nadie más del Banco y del Fideicomiso. Hasta la fecha no ha existido contacto, aunque reiteradamente lo he buscado a través de correos, oficios y he hecho el envío impreso y entrega física de esta información.

9 La obra de Diego Rivera fue declarada Monumento Artístico de la Nación por decreto presidencial del 15 de diciembre de 1959; la obra de Frida Kahlo fue declarada Monumento Artístico de la Nación por decreto presidencial del 18 de julio de 1984.

 A continuación me referiré, de manera puntual, a hechos que pude atestiguar y que me llevan a concluir que fueron sustraídas 6 hojas, es decir 12 páginas de El Diario de Frida Kahlo, sin que, a saber se haya llevado a cabo investigación alguna. Hablo de 12 páginas en principio, porque atestigüé el faltante directamente; sin embargo, tengo motivos para sospechar que han sido sustraídas otras páginas.

Hasta mediados de 2003, El Diario, el original, de Frida Kahlo se exhibió en una vitrina de madera de color amarillo cubierta con vidrio, en una esquina de la llamada segunda sala de la Casa Azul, Museo Frida Kahlo. Se trata de una libreta de pasta dura,  de piel, color guinda, con medidas 24.5 cms x 16 cms, que lleva en la portada unas iniciales manuscritas en dorado: JK, mientras que en la costilla también en dorado aparece la letra K y la palabra Poems. 

Es un libro que, como lo documenta Sara Lowe en su ensayo en la edición de 1997 de la editorial La Vaca Independiente, fue escrito por la artista durante la última década de su vida. En estas páginas, Frida Kahlo se refirió al deterioro físico que vivía, a la vez que reiteraba sus infinitas ganas de vivir.

Es preciso acotar que a finales de 1994 la editorial La Vaca Independiente publicó una primera edición facsimilar en dos volúmenes, facsímil y transcripción, de El Diario de Frida Kahlo; constaba de 3000 ejemplares y fue impresa en Madrid; el editor aclaraba que se habían respetado todas las características de El Diario, con excepción de las páginas que la autora dejó en blanco. Ya entonces, la editorial precisaba que tras la muerte de la artista habían sido arrancadas varias páginas; señala Raquel Tibol que aquellas páginas arrancadas después de la muerte de Frida Kahlo fueron las primeras páginas de El Diario que básicamente es una parte que contiene solo texto, pero que se ignoraba quién lo hizo y qué ocurrió con esas páginas.  

Posteriormente, en 1995, la misma editorial La Vaca Independiente, publicó una  edición comercial de El Diario de Frida Kahlo, que contiene la edición facsimilar, así como la transcripción de los textos, comentarios y un ensayo de Sarah Lowe, y un texto introductorio de Carlos Fuentes, a partir de la cual se ha reeditado en varias ocasiones.

Los hechos que describo a continuación dan cuenta de la pérdida de 12 páginas que fueron fotografiadas y publicadas por la editorial La Vaca Independiente. Es decir, entonces que, fueron sustraídas después de la publicación hecha en los noventa.

A medio día de un lunes del mes de junio de 2003, al Museo Frida Kahlo Casa Azul llegó Carlos Phillips para comunicar a Ignacio Custodio, en ese entonces administrador del museo —cargo que ocupaba desde años atrás— y a mí, recién llegada a la dirección adjunta de los museos Frida Kahlo Casa Azul y Diego Rivera Anahuacalli, su decisión de retirar de exhibición El Diario original y, en su lugar, colocar un facsimilar.

Entonces, Carlos Phillips Olmedo, Director General de estos museos, argumentó que el original se retiraría de exhibición de la sala 2 del Museo Frida Kahlo y quedaría resguardado en una vieja caja fuerte que se ubicaba en lo que había sido el baño de Diego Rivera, lugar habilitado por el pintor como espacio para resguardar documentos, libros y periódicos. Ese día de 2003, al lado de algunas joyas de Frida, Phillips colocó El Diario en la gran caja fuerte y la cerró con una clave de seguridad.

Pasaron los años y en septiembre de 2009, cuando hubo que instalar un mueble especializado para el resguardo de los acervos —que fue adquirido gracias a un donativo de la Embajada de Alemania— hubo que mover la estorbosa caja fuerte. Para ello procedí a llamar por teléfono a Carlos Phillips con el fin de pedirle que abriera y colocara El Diario en un nuevo cajón de seguridad. 

Al llegar al lugar, Carlos Phillips no recordó la clave de seguridad para abrir la caja fuerte. Ante esta circunstancia, fue necesario solicitar los servicios de un cerrajero especializado [Fig. xxvi]. Los hechos ocurrieron el 18 de septiembre de 2009; estuvimos presentes mis colaboradores, Carlos Phillips y yo; en total éramos ocho personas las que estábamos en ese momento para retirar de la caja fuerte El Diario, así como un conjunto de joyas.

Fig. xxvi. Copia de la factura de servicio de apertura de caja fuerte.

Tras la apertura de la caja, en presencia de todos, una colaboradora colocó esos objetos en la mesa del comedor de la Casa Azul; los hechos fueron grabados por las cámaras de seguridad, para registrar los bienes, tomar fotografías y, de manera muy importante, comparar El Diario original con el ejemplar publicado, tanto con el facsimilar como con la edición económica que se vende en las librerías, ambos editados por La Vaca Independiente.10

Sin embargo, al hacer el cotejo entre El Diario original guardado y las ediciones publicadas, nos quedamos estupefactos al percatarnos que faltaban seis hojas del El Diario y, dado que Frida Kahlo escribió y dibujó en ambos lados de las hojas, faltaban entonces, en total, 12 páginas con sus dibujos y escritos. 11

Inmediatamente pedí levantar una minuta y firmarla por las personas presentes; debo aclarar que esta fue firmada por siete personas, para entonces Carlos Phillips se había retirado. Procedí a dar aviso de lo sucedido al fiduciario del Banco de México, José Luis Pérez Arredondo, vía telefónica. Un día después les comuniqué a Phillips y a Pérez que les enviaría copia de la minuta que funcionaba como acta de hechos, lo que realicé mediante oficio entregado en sus oficinas. Carlos Phillips me pidió que no se incluyera su nombre. Véase Fig. xxvii, copia del acta.

Fig. xxvii. Copia de cinco hojas de la minuta. Apertura Caja Fuerte Museo Frida Kahlo. Se incluyen tomas de las cámaras de seguridad y las firmas de quienes participaron en la reunión. 

Con el fin de despejar dudas, en tiempos recientes, confirmé quiénes estuvieron presentes en el Museo Frida Kahlo Casa Azul cuando se tomaron las fotografías, una tarde de viernes en la primavera de 1994 a El Diario original, para la primera edición de La Vaca Independiente. Bob Schalkwijk, destacado fotógrafo, realizó las tomas en una sesión de alrededor de seis horas; una vez que tomó las fotografías se retiró del lugar. No obstante, encontré que fue José Juárez, quien entonces era pareja sentimental de Dolores Olmedo, quien manipuló la pieza para que Schalkwijk, hiciera las fotografías. En todo momento, José Juárez estuvo vigilando de el Diario sin despegarse un solo momento; lo entregó, lo custodió y lo recogió para resguardarlo. 

¿Quién o quiénes sustrajeron páginas de El Diario?, ¿en qué momento o momentos se llevaron dichas páginas?, ¿por qué, a saber, ni el Banco de México ni el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura han emprendido una acción al respecto, aun cuando son responsables de vigilar los derechos de autor de  la pintora y la preservación de su obra declarada Monumento Artístico de la Nación?

Fig. xxviii. Carta al delegado fiduciario de Banco de México con copia a Carlos Phillips en la que se solicita informar a autoridades culturales y denunciar ante el Ministerio Público el robo de hojas de El Diario de Frida Kahlo.

Respuestas a estas dudas, sospecho, las tendrían Dolores Olmedo, el encargado entonces de ese museo, Ignacio Custodio, la secretaria de Olmedo, Laura Pérez, por un tiempo encargada del Museo Frida Kahlo, y José Juárez, pareja de Dolores Olmedo.

El Diario, basados en el análisis que escribe Sarah Lowe en la edición de la Vaca Independiente, consta de 171 páginas intervenidas, más 18 hojas en blanco, sin intervención.12 Sostengo que el cotejo realizado en aquel septiembre de 2009 arrojó la constatación de la ausencia de seis hojas que eran continuas (Fig xxix). 

Fig. xxix. Fotografía de El Diario, a partir de la edición de La Vaca Independiente, donde se agrupa con un clip el número de páginas faltantes. 

No es posible indicar aquí la numeración de dichas hojas porque Frida Kahlo no pretendió hacer en ellos tal numeración, pero sí hay una continuidad de fechas. Todas esas páginas desaparecidas son de marzo de 1953 y además, se sustrajo deliberadamente un grupo de hojas que contenía sobre todo dibujos. Con base en la clasificación realizada por Sara Lowe para la edición de La Vaca Independiente cito a continuación los nombres de las páginas faltantes —basados en lo que escribía la propia Frida Kahlo—, en el orden en que aparecían, y con la numeración que atribuyó Lowe a cada página. La siguiente tabla incluye las hojas que faltan de El Diario original y que sí fueron publicadas en el facsimilar y en ediciones posteriores que ha realizado la editorial La Vaca Independiente:

109: libro con la falta (la ida) de STALIN Yo siempre quise conocerlo pero no me importa ya – Nada se queda todo revoluciona

110: F, madera 379, autorretrato

111: Caminante bailarina sana PAZ Revolucionaria inteligente VIVA STALIN VIVA DIEGO

112: MARZO 53 Mi Diego. Ya no estoy sola. ¿Alas? Tú me  ACOMPAÑAS. TÚ ME DUERMES Y ME AVIVAS.

113: —amo a Diego amor

114:  ENGELS MARX LENIN STALIN —MAO—

115:  LUNA SOL YO?

116: MUERTES EN RELAJO

117: MADERA CITLÁLI AMOR CALOR DOLOR RUMOR HUMOR DADOR AMOR

118: Imagen sin escritura. Lowe se refiere a esta como un “…asfixiante paisaje desde la perspectiva de una lombriz…” 

119: Chabela Villaseñor —colorado Viva a camaradas STALIN MAO Viva Muerte MUNDO VENADO PINTORA POETA Viva Marx Engels Lenin

120: Imagen sin texto. Incluye un venado en homenaje a Chabela Villaseñor

Después de los hechos ocurridos en septiembre de 2009, en los siguientes días, meses y años, solicité, e incluso presioné, a Carlos Phillips y al delegado fiduciario de Banco de México, José Luis Pérez Arredondo, para que dieran aviso a las autoridades federales sobre las páginas faltantes. Nunca supe si lo hicieron, no me informaron y no dieron respuesta a mis protestas y requerimientos de comunicar a las autoridades federales sobre la desaparición de las hojas de El Diario

Lo que es todavía más complejo es que a estos reclamos se adicionaron los de las obras faltantes en la donación de Diego Rivera, que relaté en el anterior apartado. Durante todos esos años y hasta la fecha, no obtuve respuesta alguna.

José Luis Pérez Arredondo fue removido de su cargo en 2015, y hoy ocupa el cargo de Auditor General de Banco de México; fue sucedido por otros delegados fiduciarios. Los delegados fiduciarios y las encargadas actuales de los museos, así como Carlos Phillips y los miembros del Comité Técnico, conocen bien estos hechos sobre la pérdida de las páginas de El Diario.

Como se puede observar, en las primeras páginas de El Diario hay básicamente textos y juegos de palabras; posteriormente Frida Kahlo fue dejando pequeños dibujos en él y, con el pasar de las hojas, estos se hacen más grandes. Hacia la mitad de El Diario, los dibujos llenan cada página, los trazos se vuelven preponderantes y las frases, palabras o narraciones pasan a ser complementarias. Era parte de ese diálogo entre palabra e imagen, característico de la obra de Frida Kahlo.

Sorprende que en diversas publicaciones de libros y catálogos sobre la obra de Frida Kahlo aparecen hojas de El Diario en posesión de colecciones particulares, ¿En qué momento fueron separadas del resto?. 

Quiero referirme a las dos páginas de El Diario, en su anverso y reverso, que de acuerdo con el catálogo de la colección Gelman, de 2004, eran parte de su acervo (Fig. xxx). Las dos hojas fueron hechas en acuarela, crayola, lápiz, pluma y tinta sobre papel. Estas hojas no aparecen en la publicación de El Diario (1994) editado por La Vaca Independiente; sin embargo existen razones para considerar que fueron sustraídas de El Diario antes de que se realizará el facsímil. Es evidente —y lamentable— el burdo corte en la hoja que destruyó parte de la obra. Es cuestionable que una colección de arte tenga tal pieza. ¿Cómo llegó a sus fondos?, ¿a quién se le compró?, ¿no es obvio, acaso, que se trata de un presunto robo y destrucción de una obra de arte total, patrimonio de la Nación mexicana?  

Fig. xxx. Anverso y reverso de la hoja de El Diario que, de acuerdo con diferentes fuentes bibliográficas, perteneció a la colección Gelman.

Fig. xxxi. Opinión de autenticidad de la hoja de El Diario de Frida Kahlo realizada por Andrés Siegel.

Lo más extraño es que esta hoja proveniente de El Diario es la misma que en julio de 2022 fue supuestamente “quemada” por un coleccionista en Estados Unidos para generar una serie de NFTs (Fig. xxxii). De acuerdo con las declaraciones de este coleccionista, llamado Martin Mobarak, la hoja fue adquirida en la misma galería neoyorquina a la que se hizo referencia en el primer apartado de este texto, Mary-Anne Martin, señalada como la galería que ha vendido la mayoría de las obras que aparecen en los listados de donación de Diego Rivera. Cabe preguntarse ¿Cómo pasó de la colección Gelman a la galería Mary-Anne Martin?

Fig. xxxii. Hoja de El Diario supuestamente quemada.

Este asunto, como otros relacionados con el arte, la destrucción del patrimonio, el presunto robo de derechos de autor y las piezas apócrifas, a saber, no ha sido investigado ni informado con puntualidad por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Se suma a otro de los temas inconclusos, sin respuesta institucional.

Reitero una vez más, a mi salida en octubre de 2020 ni los funcionarios de Banco de México ni Carlos Phillips quisieron llevar a cabo el protocolo de entrega-recepción que implica la revisión de inventarios; también, como he dicho, solicité realizar una auditoría a mi administración y a los acervos de los museos, al gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León, a los subgobernadores, a Jessica Serrano Bandala, a los delegados fiduciarios en ese entonces, al propio Pérez Arredondo como auditor general del Banco de México, pero nunca tuve respuesta.

Todo esto es resultado de lo que siempre presencié durante mi gestión como directora a cargo de los museos: una política de “Tú me dejas, yo te dejo” a la cual siempre me opuse; mutuamente siempre se toleraban tantas cosas. Tales comportamientos, sin duda, han afectado y afectan el patrimonio de la nación, de los museos Diego Rivera Anahuacalli, Frida Kahlo y Dolores Olmedo.

10 Conservo la copia de la videograbación y está a disposición de quien lo solicite.

11 Se anexan los dibujos de las hojas faltantes de El Diario original de Frida Kahlo comparado con respecto al ejemplar del diario impreso y editado por la editorial La Vaca Independiente, primera edición fechada el 29 de noviembre de 1994.

12 Este dato también fue constatado por M. Cristina Secci en el libro Con la imagen en el Espejo, el autorretrato literario de Frida Kahlo, UNAM, México 2009, p. 15.

Linda Downs, directora ejecutiva de College Art en Detroit, a mediados de 2014, solicitó revisar los archivos digitales de Diego Rivera y Frida Kahlo localizados en el Museo Frida Kahlo, con el propósito de realizar una investigación sobre la estancia de Diego Rivera en Detroit, dicha investigación derivó en un libro Diego Rivera: The Detroit Industry Murals

Un par de meses después de su visita a los archivos, la  investigadora me envió un escrito en el que me informó que Graham Beal, director del Instituto de Artes de Detroit se encontraba muy sorprendido cuando ella le comentó que unas libretas que hizo Rivera con dibujos de los murales de esa ciudad no se encontraban en los acervos del Museo Frida Kahlo. Nuevamente reporté el hecho y envié copia del oficio a Carlos Phillips y a José Luis Pérez Arredondo, posteriormente comuniqué esto a los funcionarios que les sucedieron en el Banco de México. No obtuve ninguna respuesta o indicación. Como antes, solo hubo silencio. Se anexa la carta (Fig. xxxiii).

Fig. xxxiii. Carta de Linda Downs, sobre cuestionamientos del director del Instituto de Artes de Detroit.

Fig. xxxiv. Murales de la Industria de Detroit 1933 por Diego Rivera en el patio interior del Instituto de las Artes de Detroit.

En 2013 se realizó una auditoría externa a los Museos Frida Kahlo Casa Azul y Diego Rivera Anahuacalli, por parte de la empresa PWC y solicitada por los abogados del propio Fideicomiso del Banco de México. Los resultados indicaron que debían registrarse los acervos de los Museos ante notario público y que estos registros debían obrar en manos de los miembros del Comité Técnico, máximo órgano de autoridad del Fideicomiso.    

Solicité esta acción a Carlos Phillips y a los abogados fiduciarios, como muestro en la copia de correo que anexo (Fig. xxxv), pero nunca hicieron esfuerzo alguno para responder a la recomendación. Conservo los resultados de la auditoría en la que se urge a atender el tema. Adicionalmente, esta auditoría de PWC llama a realizar un inventario y aseguramiento de la obra de los museos y a contar con la documentación completa del acervo de los museos.

Considero necesario detenerme en este punto porque el incumplimiento de las recomendaciones de la auditoría de PWC es una de las causas de esta falta de transparencia que aquí señalo. El costo que implicó contratar a PWC fue muy alto; las recomendaciones fueron pertinentes y sin embargo fueron ignoradas lo que evidencia un irresponsable despilfarro de recursos.

Esta auditoría determinó la necesidad de llevar a cabo un estudio sobre el posible deterioro de las piezas, esto es, un estudio anual para asegurar el estado de las piezas de arte.  Por otra parte, para el momento en que se llevó a cabo la auditoría, en 2013, se fijó la necesidad de concluir el inventario físico de las piezas —con información detallada de las obras, de sus características, ubicación, fotografía de la pieza y el cálculo del valor de cada obra de arte—. Incluso se fijó un periodo de tres años para llevar a cabo ese inventario en el Museo Frida Kahlo Casa Azul y un periodo de 10 años en el caso del Museo Diego Rivera Anahuacalli. Esta recomendación no se cumplió como lo habían demandado los auditores, porque fue ignorada, pese a mi insistencia, por los delegados fiduciarios de Banco de México, por el Comité Técnico del Fideicomiso y por Carlos Phillips Olmedo, Director General de ambos Museos.

Fig. xxxvi. Resultados de la auditoría de PWC entregados a José Luis Pérez Arredondo, Carlos Phillips Olmedo, a los miembros del Comité Técnico y posteriormente a Jessica Serrano Bandala.

Un día llegó un ciudadano, aparentemente de origen norteamericano, al Museo Anahuacalli; preguntó por “Don Enrique”, quien fuera el maestro de construcción de Diego Rivera, y que estuvo encargado, por más de 50 años, de abrir y cerrar las puertas del Museo y sus bodegas. Sólo el señor Enrique García, vecino de San Pablo Tepetlapa y maestro de obras de Diego Rivera, y nadie más, tenía copia de las llaves de esos espacios; con excepción, claro está, de Lola Olmedo, que también controló un juego de llaves. De acuerdo con los dichos de aquel ciudadano estadounidense, “Don Enrique” le había vendido unas piezas prehispánicas. Ante este comentario se le informó que “Don Enrique” no se encontraba en el momento. 

Ese día comuniqué el hecho a Phillips y a los abogados de Banco de México; una vez más, no me comentaron nada, solo callaron. Entonces, por mí misma decidí retirar las llaves a “Don Enrique” y no dejarlo pasar más al recinto, ni a él ni a sus hijos que también frecuentaban el lugar. Se dejaron sus pertenencias en la calle y ya no volvieron a entrar. Todo lo documenté e informé a mis superiores, es decir, a Carlos Philips Olmedo, al Comité Técnico y al Delegado Fiduciario de Banco de México, José Luis Pérez Arredondo.

Cuando Alejandro Díaz de León era gobernador del Banco de México, a propósito de una visita a una exposición de Diego Rivera en el Museo Nacional de Arte, MUNAL, invitó a comer en sus oficinas a los colaboradores del área de Educación Financiera y Fomento Cultural, a miembros del Fondo para el Desarrollo de Recursos Humanos, a la entonces directora del MUNAL y a mí. 

Ese día Díaz de León comentó que el Banco contaba entre sus acervos con una obra de Diego Rivera, Puesto de Flores, de 1936. Yo iba a tomar la voz para precisar que había dudas sobre la autoría de esa pintura, sin embargo, el “codazo” de un funcionario me detuvo para que no interviniera. Aquí, una vez más, la política de ocultar el sol con un dedo. Ni entonces ni después han revisado y analizado que Dolores Olmedo vendió a esa institución, en los años setenta, una obra atribuida a Rivera aunque es vox populi que no se trata de una obra original. No hay que ser experto para percatarse. 

Lola Olmedo se vendía a sus interlocutores, les seducía y convencía; si no lo lograba, presionaba políticamente; si aun así no alcanzaba sus fines, entonces amenazaba. Eran amenazas que, se dice, solía cumplir. Su poder de convencimiento contaba con la ingenuidad, ambición e ignorancia de sus interlocutores. Si no conseguía los objetivos que se proponía, para lograrlos solía recurrir al uso del poder y la presión del dinero, terrenos en los que era sumamente hábil.

En la llamada Casa del Risco, Museo Isidro Fabela, también dependiente del Fideicomiso de los museos del Banco de México, en marzo de 2020, Iliana Ramírez, directora del recinto, sin experiencia para el puesto, estuvo a punto de exhibir dos obras falsamente atribuidas a Frida Kahlo en la exposición temporal Mujeres en el arte del siglo XX13 (Fig xxxviii). Sólo cuando advertí a los abogados de Banxico que se trataba de cuadros falsos, la directora tuvo que retirarlos. Aunque no se exhibieron, ambas piezas sí aparecen en un catálogo impreso realizado con motivo de la exhibición. Fueron cientos los ejemplares impresos que hoy reposan en una bodega. A pesar de la falta de acción de los directivos del Banxico ante el tema, los medios de comunicación sí han recogido esta información (ver Fig xxxix).

Por otra parte, de acuerdo con personal de la Casa del Risco durante la gestión de Iliana Ramírez como directora desapareció, en 2016, una valiosa moneda en exhibición que se hallaba en una de las salas de ese museo y que formaba parte de la colección donada por Isidro Fabela a la Nación, a través de un fideicomiso del Banco de México. La moneda ya no aparece en las listas de los acervos de Casa del Risco, Museo Isidro Fabela. A saber, el fideicomiso de esta institución nunca le dio seguimiento al paradero de esa moneda. Los hechos publicados en periódicos como El Excélsior no han sido desmentidos por el Banco de México y se pueden verificar en los listados originales del acervo.

Cuando Ramírez optó por retirarse del puesto, se nombró a una nueva directora, Gabriela López, pero ella no tuvo una entrega oficial del inventario del acervo, lo que debería ser un requisito en virtud del Acuerdo presidencial, citado anteriormente, que establece las bases mínimas para resguardar la integridad y preservación de los bienes culturales que albergan los museos de propiedad federal o financiados con recursos federales de fecha 19 de febrero de 1986, emitido bajo la presidencia de la República de Miguel de la Madrid. Cabe aclarar que este Fideicomiso recibió hasta hace un par de años recursos federales para su manutención.

He hecho la reconstrucción de este caso porque es otra evidencia de las irregularidades y omisiones en el manejo del patrimonio por parte de los directivos del Banxico en los diversos fideicomisos de museos.

13 Se puede consultar más información sobre esta exposición se en: https://www.museocasadelrisco.org.mx/temporales/171

Desde la fundación del Fideicomiso Diego Rivera Frida Kahlo del Banco de México, los distintos funcionarios de esa institución que por ahí pasaron no pusieron ni han puesto mayor interés en los museos; a las altas autoridades de esa institución les importaba complacer a “doña Lola Olmedo”, temida, respetada y querida al mismo tiempo; no se metían con ella, la dejaron actuar a sus anchas y no evitaron abusos. Fue a la muerte de Dolores Olmedo, que comenzó a ponerse cierto orden administrativo y jurídico en los museos por parte del entonces delegado fiduciario, José Luis Pérez Arredondo y de Carlos Philips Olmedo, claramente esto tuvo sus límites marcados por campos de interés.

Hay que reconocer, no obstante, que fue gracias a Dolores Olmedo que los museos Diego Rivera y Frida Kahlo mantuvieron abiertas sus puertas durante más de medio siglo, tiempo en el que ella se autonombró «directora vitalicia». Los apoyos del gobierno a los museos fueron sumamente limitados; “Lola”, como era conocida, con sus propios recursos se enfocó en el Museo Anahuacalli, donde concluyó el edificio principal, el patio central, la galería, las oficinas y la bodega de colecciones que diseñó Juan O´Gorman. Fue ella la que apoyó la conclusión de la museografía original de Carlos Pellicer y más tarde la intervención de los hermanos Jorge y Emeterio Guadarrama. Y cada año montaba ahí una gran ofrenda en recuerdo de Diego Rivera.

Sin embargo, el entusiasmo de Dolores Olmedo no fue el mismo para el Museo Frida Kahlo Casa Azul. A ella, Frida le resultaba antipática; siempre hizo explícito su desprecio por la pintora, quizás por celos. Es probable que este sentimiento derivara en que la Casa Azul estuviera en el abandono por varias décadas. Las palabras de la propia Dolores Olmedo la retratan en su descripción de Frida Kahlo: “¿Quién iba a decir que esta me iba a dar de tragar?” 

No obstante, es un hecho que hoy los Museos abren sus puertas gracias a Diego Rivera, Frida Kahlo, Dolores Olmedo y al Banco de México.

Sesenta y nueve años después de la donación de Diego Rivera al “Pueblo de México”, Banxico no ha sabido responder a la encomienda que aceptó para resguardar los acervos de los museos que alberga parte de la obra del patrimonio nacional que es nodal para comprender la historia, la identidad y la memoria de nuestro país.

El resguardo de los acervos artísticos patrimoniales requiere cuidado, sensibilidad y conocimiento. La burocracia no puede estar sobre los bienes patrimoniales de la Nación. De ninguna manera pueden estar las obras artísticas de los mexicanos en manos de funcionarios que no saben valorar lo que deben custodiar, cuidar y difundir. No se puede menospreciar el valor patrimonial y simbólico cultural a favor del económico. No se trata de “una caja que suene”.

Por esto, es necesario aclarar cuál es la responsabilidad que tienen y deben tener funcionarios y exfuncionarios del Banco de México, miembros del Comité Técnico del Fideicomiso, así como las personas que han puesto al frente de los museos.

Hasta hoy la estrategia de la familia Olmedo, de los funcionarios del Banco de México y del Comité Técnico, también de quienes han puesto al frente de los museos,  ha sido la del silencio sobre los hechos aquí narrados; sin embargo, le deben una explicación a la sociedad.

No dudo que puede haber soluciones para resarcir la pérdida del patrimonio artístico y para poner fin a los abusos de poder. Existen las condiciones viables para iniciar una investigación a fondo. Se deben recuperar las obras que faltan en los acervos donados al “Pueblo de México” de acuerdo con el testamento de Diego Rivera y Frida Kahlo, y se deben reubicar en los museos Diego Rivera Anahuacalli y Frida Kahlo Casa Azul. Para ello, se puede acudir al registro original de las obras a través de los listados que dejó por escrito Diego Rivera. Por otra parte, la ubicación actual de varias de esas obras se puede rastrear en Internet, donde aparecen algunas en venta. Deben regresar a los museos para cumplir con lo determinado por Diego Rivera ante notario público de legar su patrimonio y el de Frida Kahlo al pueblo de México. Es un acervo cuya custodia y cuidado constituyen una encomienda aceptada por el Banco de México desde 1955.

En medio de la pandemia del Covid-19 y ante la falta de respuestas a mis correos electrónicos oficiales y oficios entregados presencialmente para requerir una entrega oficial que incluyera una revisión de los acervos, solicité por escrito mediante oficios al gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León, a los subgobernadores, posteriormente también a la nueva gobernadora, subgobernadores y a distintos funcionarios de la institución, una auditoría integral con el fin de dejar constancia sobre la entrega y recepción de los acervos existentes y los faltantes. Incluso he buscado personalmente a algunos funcionarios del propio Banxico, pero como lo he dicho varias veces, solo he encontrado oídos sordos a mis múltiples peticiones y solicitudes de las que guardo copias oficiales selladas de entrega-recepción.

También escribí a la Auditoría Superior de la Federación y, con base en la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, del 6 de mayo de 1972, y el Acuerdo para la preservación del patrimonio de los museos del 19 de febrero de 1986, solicité auditorías y entrega oficial; pero tampoco en este caso se hizo algo. Toda esta información también es conocida por cada uno de los miembros del Comité Técnico y los y las actuales colaboradores y excolaboradores de los Museos Frida Kahlo Casa Azul y Diego Rivera Anahuacalli.

No deja de sorprender el poco cuidado que el Banco de México brinda a los acervos de los museos a su cargo, el descuido y desinterés de funcionarios de Banco de México en el cuidado del patrimonio artístico e histórico de los museos que maneja y que son en estricto sentido propiedad de la Nación. 

Agradezco a los y las periodistas y a sus medios de comunicación que hacen posible difundir la información y con ello alertar sobre los riesgos o deficiencias que existen para la salvaguarda del patrimonio artístico e histórico de nuestro país que es lo más preciado que tenemos.

Banco de México. (2007). La Casa Azul de Frida. Banco de México.

Banco de México. (2008). El Anahuacalli de Diego. Banco de México.

Coronel Rivera, J., et al. (2007). Diego Rivera. Coleccionista. INBA, Museo Nacional de Arte y Banco de México.

Coronel Rivera, J., & Rivera Marín, G. (1993). Encuentros con Diego Rivera. BNCI, Siglo XXI y Colegio Nacional.

De Lara, M. E. (2003). Dolores Olmedo Patiño (1908-2002). Museo Dolores Olmedo Patiño.

El Universo. Frida Kahlo. (2022). Edición plagiada. RM.

Fuentes, C., et al. (1995). Frida Kahlo. Diario. Autorretrato íntimo. La Vaca Independiente.

Herrera, H., Schneider, P., & Tibol, R. (2004). La colección Gelman. Selecciones. Muros.

Herrera, H. (1983). Frida, una biografía. Taurus.

Kahlo, F. (1994). El diario. La Vaca Independiente. (Edición facsimilar).

Morales, D. (2000). Diego Rivera. Instituto de Cultura del Estado de Guanajuato.

Prignitz-Poda, H., Grimberg, S., & Kettenmann, A. (1988). Frida Kahlo. Das Gesamtwerk. Verlag Neue Kritik.

Prignitz-Poda, H., et al. (2010). Frida Kahlo, Retrospektive. Prestel.

Prignitz-Poda, H. (2017). Hidden Frida Kahlo. Prestel.

Secci, C. (2009). Con la imagen en el espejo. UNAM.

Tibol, R. (1998). Frida Kahlo, una vida abierta. UNAM.

Tibol, R. (2021). Escrituras. UNAM.

Trujillo, H. (2008). Tesoros de la Casa Azul. Frida y Diego. Museo Frida Kahlo.

Trujillo, H., et al. (2013). Todo el Universo. Frida Kahlo. El mundo México. Condé Nast de México.

Wolfe, B. (1972). La fabulosa vida de Diego Rivera. Diana SEP.

Zamora, M. (1987). El pincel de la angustia. Martha Zamora.

Fuentes adicionales

Casa Sotheby’s, Museo Frida Kahlo, Museo Diego Rivera Anahuacalli, Banco de México, INBAL, & Google Arts and Culture. (s.f.). Información obtenida de sitios web oficiales.

Notarías 6, 10, 71. (1955, 1957). Copia del testamento de Diego Rivera y modificaciones.

Notarías 10, 207. (2020). Testimonio de escritura entre Cibanco y el Comité Técnico del Fideicomiso Dolores Olmedo.

Notarías 87, 10, 207. (2002). Testimonio de escritura entre Dolores Olmedo Patiño y Nacional Financiera.

Talavera, J. C., Musacchio, H., Malvido, A., Sierra, S., Cabello, C., Celis, D., Amador, J., Ponce, A., Sánchez, L., Flores, N., Lagos, A., & Koldehoff, S. (s.f.). Textos periodísticos en Excélsior, El Universal, Proceso, Milenio, El País, Welt Print, Cuarto Poder, La Jornada Maya, The Art Newspaper, Diario Cambio, entre otros.

Español